martes, 21 de julio de 2015

Correr es de cobardes... y de valientes

Miedos, paranoias, fobias o frustraciones. Huimos de obligaciones, de decisiones y incluso de nosotros mismos. ¿Por qué a mí? Menuda mierda tener que buscar la respuesta, mejor correr hasta dejar atrás la pregunta, o al menos dejarla en casa hasta la vuelta y estemos demasiado cansados para responder. Ya mañana será otro día. Otro día de correr, de huir, de dejar atrás los problemas. Cada vez más rápido. Cada vez más lejos. Y si suenan muy alto subiremos la música, alguna canción que nos guste en modo bucle. Por el parque de siempre o probando lugares nuevos. Esquivando gente, bicicletas, pelotas y sombras. Sin mirar atrás. Sabemos qué nos persigue. O quién. "No mires, una zancada más." "Otra." Otra." Más lejos. Más rápido. Posponiendo esa decisión que no queremos tomar. Huyendo de la frustración de eso que salió mal. O no salió. Hartos de un situación o de dos. Ansiosos por cambiar las cosas o solo devolverlas y quedarnos con el dinero. Y el tiempo que invertimos. Enfadados con eso que nos persigue. Con ese cobarde que no es capaz de tomar cartas en el asunto, de hacer la apuesta final y si se pierde al menos que sea mirando de frente a la derrota, que pondrá el punto y final al capítulo, o al libro. Ya escribiremos otra historia mejor.


Y entonces nos detenemos, reflexionamos y tomamos la decisión de cambiar de dirección. "No me conformo no esto." "Es hora de dejar de huir, toca perseguir." "Soy mejor que esto."

Perseguir los sueños, esos que se volvieron a despertar cuando el cansancio nos impedía recordar por qué corríamos. Cada vez más rápido. Cada vez más lejos. Cada vez más cerca de alcanzarlo. Eso que ahora nos mueve, ese objetivo que para otro suena absurdo pero que te da la vida. Ese "vamos" que nos repetimos en nuestro interior y que a veces nos gritamos tan alto que no podemos evitar que salga de nuestra boca, sorprendiendo a la señora que pasea a su perro a primera hora de la mañana. Antes de que mundo eche a andar nosotros ya estamos corriendo detrás de nosotros, de nuestra mejor versión, de lo que queremos conseguir. La noche es nuestra. Estrenando las calles o dándoles el cierre, somos los que abrimos y cerramos el chiringuito, y qué bien nos sentimos cuando estiramos empapados de sudor, con el trabajo bien hecho, un par de metros más cerca de nuestro rival. Otro día más de cambio, una semana, otro mes. El cambio se convierte en rutina, el esfuerzo en placer. Cada vez mucho más rápido. Cada vez mucho más lejos. Cada vez mucho más cerca de conseguirlo. Hasta que un día...


Y eso que sentimos no lo voy a describir, porque es único. Si si alguien quiere sentirlo, que persiga la mejor versión de sí mismo. No hay otra manera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario